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La primera gran dualidad, de la que surgen todas las demás, es que somos hijos de un padre y de una madre. Integrar esta dualidad es ver a ambos padres en una única imagen, haya pasado lo que haya pasado entre ellos después de nuestra concepción. Esta integración nos permite vivir la plenitud: cada uno de nosotros es la fusión de sus padres, la fusión de lo masculino con lo femenino.

BERT HELLINGER