Haré con ustedes algunas meditaciones para entrenarnos a una visión desde el espíritu. Les propongo que miremos a nuestros padres desde esta perspectiva. Es algo muy distinto de lo que, quizás, acostumbramos hacer.


Empecemos entonces.Pueden cerrar los ojos si lo desean.

Les propongo que miremos a nuestra MADRE, así como es, exactamente como es. Sólo de esta forma, es nuestra madre. ¿Pero, es realmente “nuestra” madre? ¿Tengo acaso el derecho de decir “mi madre”, como si fuera mi propiedad? ¿O acaso ella me es regalada por otra fuerza, que la ha tomado a su servicio, tal como es ella? Así es como fue escogida para ser mi madre. Sólo así, tal como es, puede ser ella realmente mi madre y, sólo así, puedo llegar a ser como el espíritu lo desea. Su destino y mi destino están inseparablemente unidos.

Mientras la miro tal como es, miro también más allá de ella hacia algo más grande. Miro más allá, hacia sus padres, los que le fueron destinados, así como fueron, exactamente así. Nadie pudo ser distinto de lo que fue porque el espíritu, conforme con su movimiento, ha concebido y guiado a cada cual tal como fue.

Detrás de sus padres están sus padres y un sin fin de generaciones. Todos ellos han sido movidos por el espíritu, todos tuvieron un destino surgido de un movimiento de este espíritu, todos fueron tomados a su servicio, desde el principio hasta mí. Estoy vinculado a todos ellos, por el espíritu y su movimiento.

Por encima de todos ellos miro hacia muy lejos, hacia la infinitud que lo mueve todo así como es, y que lo acepta todo así como es y que me acepta tal como soy, con mi madre tal como es.

Entonces, abro grande mi corazón. Miro a mi madre y la tomo en mí, como un regalo de este espíritu eterno, la tomo así como es y le digo “Gracias”. Mirando a todas las generaciones detrás de ella, digo también “Gracias”. Miro aún más allá al infinito, recogido y dedicado, frente a lo que nos queda ocultado. Y digo: “Sí, me entrego a ti con todos los que están conmigo. Juntos, estamos a tu servicio. Gracias”. Permanezco en este lazo con amor, con respeto para todos, con la consciencia de ocupar el último lugar. Y desde este lugar, miro hacia delante. Siento a mis antepasados detrás de mí, y a esta fuerza detrás de todos nosotros. Doy más lejos lo que me ha sido confiado y brindado. Lo doy más lejos con respeto y con amor, en armonía con todos los que estaban antes que yo, en armonía con el movimiento de este espíritu.

De la misma manera, miro a mi PADRE tal como es, con el destino que tuvo, con todo lo que hizo. Le miro y le veo tal como era y tal como es ahora. Así me corresponde, para mi destino. Gracias a él, pude crecer. Soy como soy porque él es como es. Miro también por encima de él, hacia sus padres. Ellos fueron como pudieron ser, solamente así. Y porque eran así, eran los correctos para mi padre. Más allá de ellos miro a sus destinos, a sus padres y al sin fin de generaciones. Todos estaban al servicio de este espíritu, así como eran, precisamente así.

Me tocan a mí, tal como son. Me coloco en el linaje con ellos, abajo, en el último lugar. Y sé que doy más lejos lo que me ha venido de ellos. Tomo mi lugar en una cadena ininterrumpida de generaciones, sabiéndome movido igual que ellos, por algo infinito.

Miro a mi padre y abro mi corazón. Lo tomo en mí tal como es, tal como me es regalado, el correcto para mí.

Cuando miramos a nuestros padres de esta forma, con un amor del espíritu, con un amor más allá del sentimiento, armonizado con un movimiento del espíritu, vemos también lo que nos han dado con tanto cariño paternal durante tantos años. ¡Es increíble lo que nuestros padres nos han dado, de acuerdo con este movimiento! Lo aceptamos todo tal como fue, sin más ni más, incluso las supuestas dificultades, el dolor y los desafíos. La forma en que se comportaron fue diseñada así por este espíritu. Ellos fueron movidos así por él, para nosotros.

¿De qué sirve entonces lo demás, nuestro deseo de serles, tal vez, superiores, de hacerles reproches y presentarles quejas?

¿Qué hacemos pues, frente a este espíritu? ¿Qué nos pasa cuando nos atrevemos a desearlos de otra forma de lo que fueron? ¿Estamos todavía en el amor hacia ellos, tal como son? ¿En el amor hacia sus padres, así como eran? ¿En el amor hacia su destino tal como fue?

Preguntémonos si aún estamos en el amor hacia todos los que estuvieron antes que ellos y cuya vida, con sus experiencias y sus sufrimientos nos benefician en un movimiento común, que nos abarca a todos con igualdad y donde todos se encuentran aún presentes.

BERT HELLINGER.